"Va a llover"
Tras dos días de tormenta.
Aun así,
quien sea poco observador,
pensará que es él
quien trajo la lluvia.

La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos...


Cuando pisas el suelo en las estribaciones del Rift la vida no tiene más remedio que ser dura, deshidratada, lenta como si el reloj biológico estuviera a punto de agotar sus pilas. Cuando andas sobre esta tierra pierdes poco a poco el líquido vital, se evapora tu energía y empiezas a morir sin darte cuenta. Tu minúscula existencia importa poco en esta inmensidad rígida y polvorienta en la que, hagas lo que hagas, todo seguirá igual a la mañana siguiente.


Prometo a Patricia que no volveré a acostarme en solidaridad con ella, pero cuando vuelvo a casa, caigo rendido hasta las diez y media, llevo varias noches sin dormir bien y estoy agotado. Ayer pasamos por la zona enfrente del ferial y quiero ir a tomar a tomar café allí, parece interesante. Tengo que bajar hacia la derecha del camino principal y encaminarme hacia la bahía. Poco a poco van desapareciendo las tiendas y el bullicio del centro y el ambiente se torna sórdido, parece que incluso hace más calor. Busco un bar pequeño y viejo. Cuando lo encuentro pido un café con leche y con hielo, como siempre. Repaso las 6 fotos que acabo de realizar y me dispongo a leer mi guía de viaje, . Pasan unos minutos y el hombre que está a mi espalda y que sospecho lleva rato observándome inicia una conversación (“¿ cómo puedo congelá la imagen del toro?,¿qué son la iso?”). Estaba leyendo una biografía de no se que personaje, y poco a poco me va dando pinceladas de la suya, a la vez que sigue interrogándome sobre cuestiones técnicas(“cómo yo soy novillero puedo adelanta´me al movimiento, pero me han dicho que debo utilizá siempre el modo ráfaga”). Salgo fuera y le muestro como puede hacer un barrido a un coche y dotar la escena de movimiento.Aun así prohibiría su fiesta nacional .(“¿cómo puedo hacé pa que el flá me funcione a alta velocidá?”). Cuando entramos, ella entra con nosotros(“un sumo de naranja”).Parece interesada en nuestra conversación desde el principio. Sólo sus ojos rebosan salud, son de color caramelo y mirada cristalina(“¿eré de aquí?), el resto de su cuerpo parece un reflejo de su vida(“yo no, yo soy del Puerto, pero mi padre mató un hombre y me dieron aquí en adopción). Atreviéndome a especular, pienso que tampoco le fue demasiado bien después. Su voz está cascada, pero habla con seguridad ("illo yo a mi hija no le deja alejase mucho en el parque,no sea que le afisie una culebra como a la chiquilla de la tele"). El novillero me estrecha la mano y me da las gracias tres veces antes de marcharse finalmente. Ella sigue interesada en mi("¿ere´fotografo?"). Conversamos durante unos minutos, cuando me dispongo a salir, deja su zumo y me acompaña a la puerta para indicarme donde está la estatua de Camarón del barrio. Pero yo quiero fotografiarla a ella(“salgo mu fea siempre”). Mientras miro por el visor me apunta con su seno menudo.Sale guapa, quiero mandarle el retrato(“que va tío, no tengo correo electrónico”). Me despido y vuelvo a casa, ha pasado una hora y no me he dado cuenta. Subiendo otra vez hacía el centro comienzo a ver el retrato, amplio a la altura del pecho y el crucifijo de madera, entonces caigo en la cuenta de que ni siquiera le he preguntado cómo se llama.Se me ocurre que María puede ser un buen nombre. Cuando llego al paseo principal, me sumerjo de nuevo en el bullicio y mi mente navega ya por otros mares. Acelero el paso, acabo de recordar que también prometí a Patricia que haría los bocadillos para la tarde y no quiero fallarle otra vez.

A veces tendrás que ser cuerdo porque te demandarán locura, poniéndola de moda en ese momento, te sentirás perdido y hasta los locos oficiales te darán la espalda. Otras veces deberás seguir el rebaño y no distinguirte de él en nada, como una oveja más. No te preocupes, estarás en ese momento también en el camino perfecto para ser un loco de categoría. Ya te digo que para eso no hay normas fijas, solamente hay que tener los ojos bien abiertos, estar preparado e informado, para poder adaptarte a cada situación. Además, no puede uno ser demente todos los segundos de su vida, pero esos momentos, gózalos con intensidad. En mi caso, y quizás por que soy consciente de la dificultad que todo esto entraña y de lo difícil y laborioso que es todo este proceso, solamente dejo escapar una son
risa cada vez que alguien me dice “¿Manu, estás loco¡”


Cuento de la payasa triste
Había una vez una payasa que hacía las delicias de todo el mundo: niños padres, madres, abuelas, abuelos. Todos y cuando digo todos, quiero decir todos sin excepción.
Cada vez que nuestra payasa salía al centro de la pista disfrutaba mirando los colores de la gente y escuchando las risas de niños y adultos. Ese gozo lo transformaba y era devuelto al público en un fabuloso feedback.
Quién disfrutara de sus armónicos movimientos, sus acrobacias y su contagiosa sonrisa tenía asegurada, al menos, una semana de felicidad. Aunque es cierto que se han dado casos de personas que estuvieron felices hasta un mes, este dato no ha podido contrastarse
Justo antes de cada actuación su amigo, el payaso Julián, le regalaba una flor con la que ella se adornaba el pelo. La payasa notaba que se la reactivaba el corazón, mandando sangre fresca a todos sus sentidos preparándola para sumergirse en el mar de colores y sonidos de cada tarde.
Así transcurría la vida de la payasa, una vida normal, como puede ser la tuya o puede ser la mía.
Un día, como era de esperar en este tipo de cuentos, no estaba Julián con la flor antes de la actuación, pero la payasa no se preocupó en exceso, sabía que eran los sonidos y los colores los que le daban la fuerza. Salió al escenario con naturalidad, pero al poco tiempo parecía que le hubieran puesto bolsas de hielo en la boca y las articulaciones. Sus movimientos eran torpes, descoordinados, sin gracia. Intentó hacer los movimientos con alegría, pero parecía que cuando más lo intentaba más hielo ponían en las bolsas imaginarias. El público ,angustiado, la miraba con incredulidad, que poco a poco se fue transformando en una enorme pena.
Un año entero pasó nuestra payasa sin salir de la rulot de la tristeza. Cada dos días sus amigas del circo le pasaban la comida por el único ventanuco que dejó entreabierto.
Cuando estaba despierta permanecía con los ojos cerrados. Cuando soñaba lo hacía en blanco y negro y sin sonidos.
Un día, sin que hubiera aparecido un enorme rayo en un cielo despejado, ni se hubiera posado un mirlo blanco en la rulot, la payasa soñó que actuaba de nuevo, estaba en el centro de la pista, sin risas, sin colores, sin la flor en el pelo. No había nadie para disfrutarlo, pero daba igual, a ella le gustaba hacerlo. De repente reparó en un pequeño ruido, como de un ratoncillo, que procedía de la primera fila. Cuando se acercó encontró a una niña regordeta y disfrazada de payasa como ella,que no paraba de reír con la mano en la boca para amortiguar los ruidos, si el sueño no fuera en blanco y negro, podríamos apreciar que la niña se iba poniendo cada vez más y más roja de contener las risas. La payasa, asustada, agarró su mano y liberó su boca,apareciendo una cara que le era conocida..., asombrada comprobó que esa niña en realidad era ella. Entonces, sin darle tiempo a salir de su sorpresa, salieron carcajadas tan fuertes y potentes que nuestra payasa no tuvo más remedio que despertar de su sueño.